ME DIRIJO A VOSOTROS
No se necesita ninguna explicación adicional para la transmisión de Mi Palabra desde lo alto, excepto que Yo Mismo deseo otorgaros la verdad porque andáis extraviados, porque habéis alterados muchas doctrinas de la fe y porque, con el tiempo, el Evangelio que Yo enseñé en la Tierra se ha impurificado de tal manera que vuestras mentes se han oscurecido en vez en lugar de iluminarse. Habéis hecho afirmaciones que se desvían completamente de la verdad, y ya no os es posible conocerme correctamente ni comprender Mi naturaleza de ser … Vosotros interpretáis la Palabra escrita, la Escritura, de manera incorrecta, vosotros os guiais por las letras y desconocéis el significado espiritual de las palabras que he puesto en ellas. Ya no sois capaces de distinguir la “Palabra de Dios” de la obra humana añadida. Discutís entre vosotros porque cada uno representa doctrinas diferentes, y estáis muy alejados de la verdad pura …
Yo devolvérosla, y por eso transmito Mi Palabra a la Tierra. Os traigo una luz en cuyo resplandor podréis reconocer el error, si anheláis la verdad pura … El intelecto humano ha interferido u suprimido repetidamente la verdad, porque el intelecto puede ser influenciado por Mi adversario, que lucha contra la verdad, porque quiere impedir que Me reconozcáis correctamente y os esforzáis por acercaros a Mí …
Pero si queréis caminar en la luz de la verdad, entonces también debéis hacer vuestra parte; debéis vivir en el amor y desear la verdad … Entonces también será vuestra parte. Pero sin amor, no comprenderéis la verdad y volveréis a distorsionar su significado y permaneceréis en el error. Que, por lo tanto, Me hago presente de manera evidente al daros prueba de Mi presencia cuando Me dirijo a vosotros, esto no debería resultaros extraño, pues soy la Verdad Eterna, y siempre buscaré tener acceso a vosotros porque deseo daros la vida eterna, que solo se encuentra a través de la verdad.
Pero solo aquel ser humano que posee la verdad será capaz de actuar como maestro para sus semejantes, y éste tiene que haberla recibido de Mí Mismo … Pero muchos seres humanos “enseñan” sin estar aún en la verdad, y en lugar de proclamarla, se propaga el error. Un maestro tiene que estar tan íntimamente unido a Mí al instruir a sus semejantes. Por lo tanto, un “maestro” debe estar lleno de Mi Espíritu, entonces representará únicamente la verdad pura, porque solo entonces será un verdadero obrero en Mi viña, sembrando buena semilla en los corazones de los seres humanos, que debe germinar y dar fruto.
Por lo tanto, cada uno debe formarse de antemano de tal manera, para que Yo Mismo pueda hablar a través de él cuando, como predicador, quiere instruir a los semejantes y traerles el Evangelio que garantiza la verdad pura: el Evangelio que Yo Mismo enseñé cuando estuve en la Tierra. Si Mi Espíritu no puede obrar en un “maestro”, entonces otro hablará a través de él, pues entonces no será su corazón el que lo impulse a proclamar el Evangelio, sino su intelecto, que Mi adversario también podrá aprovechar tratando de oscurecer la luz, que, sin embargo, representa la pura verdad para los seres humanos.
Vosotros que proclamáis Mi Evangelio, debéis tomar en serio vuestra transformación, para que Yo pueda derramar Mi Espíritu sobre vosotros. No debéis hablar según vuestra propia mente, sino dejar que Yo hable a través de vuestro corazón … Y verdaderamente, os abstendréis de las enseñanzas falsas; resistiréis interiormente a defender todo aquello que no se corresponda con la verdad, pues Mi Espíritu os advertirá de ello. Y debéis examinar hasta qué punto vuestro pensamiento está en armonía con Mi Palabra, que Yo Mismo os transmito desde lo alto. Porque Yo soy la Verdad Eterna y lo que surge de Mí debe ser verdad. Y siempre reconoceréis su origen si os tomáis en serio el permanecer en la verdad … Solo yo Mismo puedo transmitírosla, y verdaderamente estoy siempre dispuesto a dejar irradiar una luz en la oscuridad en la Tierra, pues solo en la luz encontraréis el camino correcto, solo a través de la luz de la verdad alcanzaréis la vida eterna …
Amén